Cuando Escribo

Sobre temas varios escribiré

lunes, octubre 23, 2006

Amaneció herido

Lanzo un mensaje en una botella...Estoy sentado en una isla desierta, desaté una tormenta en la noche y fui arrastrado de aquella playa del Pacífico Sur donde había llegado. Nubes de miedo, lluvia son mis ojos, centellas eran mis palabras.
Aunque vi pasar frente a mí varios sentimientos destrozados, solo al amanecer me convencí del daño que habia causado. El paraiso esta por ahí, en su lánguido y certero intento por reconstruirse a si mismo. Anoche cuando me alejaba, vi que me miraba con una lejana nostalgia, e incesantemente me hacía preguntas sin pronunciar una sola palabra. Estaba herido y aun así no me reclamaba nada...Sus etéreos ojos que alguna vez habían contemplado mi llegada, hoy estaban tan empañados como los míos.
Mi mensaje aun no llega, es dificil lanzar una botella en medio de las olas pues éstas me lo traen de vuelta. Hoy comprendo una lección que aprendí en esa playa donde estaba, en el paraíso no hay nubes de miedo, en el paraíso se sueña, las aventuras existen, el paraiso es el paraiso. Sin embargo hoy me encuentro lejos, anoche la tormenta me arrastró lejos de él y ni siquiera puedo verlo en el horizonte, si me echara al agua y nadara nuevamente, no sabría en qué dirección hacerlo para encontrarlo y no se si él querría recibirme de nuevo...
Hoy el paraíso amaneció herido, hoy amanecí herido, hoy con una caricia quisiera sanar la herida que por tontería causé...

lunes, octubre 16, 2006

Lazzanti

Tenia la incertidumbre de su ser; se veia como aquellas magníficas fotos tomadas en medio de una playa vírgen del Pacífico Sur...contemplaba inmerso en las noches, cómo sería el día de su vida, cómo él desearía que las cosas fueran igual de buenas que el mar que lo acompañaba...sin embargo aún seguía lejano ese primer contacto que por accidente tuve posteriormente...
¿Qué traería consigo?
De repente, mi atención volvió a posarse en los asuntos que venían ocupando mi mente, otra vez la zozobra de tener que llegar al final del día habiendo superado los obstáculos. Los motivos de alegría volvían a ser los mismos, pero en una nueva y rica demostración de su regeneración y su capacidad de mostrarse diferentes. Poco a poco, la tranquilidad de las horas oscuras amainó la ansiedad que me consumía en ese entonces, y como un destello, con su tierna tibieza, apareció...
Apareció con un corto mensaje de esperanza, sin muchas triquiñuelas, tan desparpajado y sonriente que pudo conquistar mis limitaciones. Su vida transcurría en muchas partes del mundo a la vez, en solitario, maldiciendo al hielo y al desierto, pero con una chispa que no se apagó, ni siquiera cuando casi deja de transcurrir. Colmó de pensamientos, de sentimientos y de palabras todo el espacio que nos separaba y me demostró la simpleza y genialidad de ser bueno...
Pero cuando la crisis se ennegreció, fui parte del vínculo que él necesitó con aquel que era el centro de todas sus miradas. Fui parte del vínculo que conectó el desierto con la playa vírgen del Pacífico Sur. Faltaba mucho por recorrer aun, medio mundo tenía que pasar bajo sus pies para yo poder contemplar el destello nuevamente. Hoy, al momento de escribir esto, noté que llegué a la playa nadando y sin darme cuenta. Finalmente había accedido a aquella recreación que tenía en mi mente. Y llegué virtualmente, sin aun poder tocarlos, sin saber cómo se escuchan, cómo huelen, cómo sienten, pero están ahí y estoy ahí con ellos para iniciar una historia de la que quiero tener una espléndida sensación.

sábado, octubre 07, 2006

Cuando falta la inspiración

Cuando falta la inspiración, el panorama se pone como aquellos días grises en que no llueve...Todos los lugares quedan ausentes y las cosas pierden su sabor. Los días en que falta la inspiración son los más largos que haya conocido, aquellos de amanecer plutoniano en que la luz queda lejos y pareciera que el día nunca termina de despertar. Son aquellos días en que es más fácil encontrar un defecto que una utilidad, son aquellos días en que las recetas transmiten más fuertemente un sentimiento de agonizante aburrimiento.
Los días que en mí no encontraron inspiración, los olvidé, perdí rastro de casi todos los detalles, se desvanecieron las caras que me acompañaron, la memoria quedó pausada y suele tener dificultad de encontrar esa parte en medio del calendario. Solo recuerdo la sensación, ese vago recuerdo que como el instinto de los animales, solo sirve en los casos de peligro.
Cuando me faltó inspiración, solo deseé poder seguir adelante sin sentir la carencia de un abrazo, pero me costó trabajo, sobretodo porque el mundo siguió girando y no me pude salir de él, no tuve un escondite mental dónde hibernar, dónde purgar todo aquello que corroe el alma...
Estos días de dudosa amistad, llegan sin avisar, se posan en el calendario sin más ni qué, no tocan a la puerta, solo entran, no piden algo para beber, toman todo lo que encuentran mal puesto, son unos cleptómanos con mirada perdida y casi inocente.
Los días en que no tengo inspiración ya no me dan miedo, les comparto esa misma indiferencia que me traen, no los miro a los ojos, trato de ignorarlos a pesar de picarme con su tremenda presencia. Se desvanecen de la misma manera que llegan, su conjuro suele ser una caricia repentina, su conjuro es el amanecer de un día terrestre.